viernes, 28 de julio de 2017

BASKET EN EL PUERTO



El amigo del Puerto de la Cruz; SALVADOR GARCÍA LLANOS, remitió entonces (27/07/2017) estas notas que tituló; “BASKET EN EL PUERTO”: “…El baloncesto en el Puerto se fue apagando, como tantas otras cosas. No alcanzó los niveles de práctica y popularidad que el fútbol, allá por la década de los sesenta del pasado siglo, pero tuvo algunos escenarios, jugadores y entrenadores destacados. Recordemos.
En la que fue sede del Frente de Juventudes (Falange), en la última parte de la finca, tras pasar el taller de cerrajería de don Salvador (Boro) Acosta, había una cancha de tierra que servía para casi todo: estaban los aros adosados (nunca los vimos con red) y las porterías, de dimensiones reducidas, claro, como si sirvieran para fútbol y balonmano, aparecían pintadas sobre las desiguales paredes de los inmuebles colindantes. Además de estos deportes, hubo algunos intentos de voleibol y hasta de atletismo. Memorable la figura de don Francisco Suárez, profesor de política y gimnasia, denominaciones abreviadas de Formación del Espíritu Nacional y Educación Física, asignaturas del bachillerato de entonces. Suárez vivía allí mismo, en aquella vieja casona envuelta en tea y con un generoso patio en cuyo centro una gigantesca palmera canaria no impedía que los chicos jugásemos al fútbol. Allí, en aquella cancha, recalábamos casi todos: los alumnos del desaparecido Instituto Laboral, los de otros centros, los habituales de la plaza del Charco y hasta quienes, ya adultos, apuntaban maneras para jugar en otros niveles.
Pero el espacio por antonomasia para el basket era, fue, esa plaza, la bendita plaza, la sempiterna. De tierra, parcheado con tierra seca o arena del muelle cuando llovía y se formaban charcos de todos los tamaños en aquella superficie en la que algunos botaban el balón con singular maestría. La marcábamos con un ovillo de hilo y cal viva cada domingo de partidos. Porque a veces se jugaban hasta tres, de distintas categorías. Los aros, con soportes cilíndricos, eran desmontables, sobre todo en determinadas épocas como carnavales y Fiestas de Julio, para instalar pistas de coches o norias o tómbolas, con gran disgusto para los usuarios pues perdíamos aquel escenario deportivo donde se entrenaba, se disputaban encuentros de alta competición, torneos de verano o 'partiditos en la plaza' a secas, los chicos y los no tanto.
Tiempos del Ucanca, enfrentándose al Náutico, al Hernán Imperio, al DISA, al San Isidro y al Hércules. Tiempos de Espinilla, Perdomo y otros dirigentes. Allí jugaron hasta Chagona Rodríguez, Juan Suárez y Pepín Castilla. Y no faltó el cronista: Andrés Chaves, que firmaba Achaso, se estrenaba en el periodismo deportivo con reseñas de lo que allí acontecía. Nos asombraba el orotavense Arbelo con canastas de todas las facturas, mientras Fife Hernández y José Antonio Marrero se perfilaban como ídolos locales y Santiago Padrón hacía méritos para dar el salto a la Villa. Pero el paso de los años iba anunciando que en la plaza era imposible seguir. Las exigencias, de todo tipo, eran muy elevadas y aconsejaban nuevos rumbos. La plaza también conoció las primeras manifestaciones del mini-basket y hasta acogió un par de ediciones de doce horas jugando ininterrumpidamente.
Uno de ellos era una zona de aparcamientos en el polígono San Felipe-El Tejar, urbanizado a la espera de las edificaciones de viviendas y los dotacionales. El baloncesto, de todos modos, al no disponer de espacios adecuados que acogiesen una afición de mínimos, ya había sufrido un bajón considerable. Los jugadores de mayor proyección se fueron a La Orotava y Los Realejos. Hasta que construyeron una caseta que servía para guardar unos aros peligrosamente abatibles y como vestuario con duchas. El mencionado Francisco Suárez todavía tuvo tiempo de conocer (y dirigir) esas andanzas. Parecía que renacía el interés por el basket. En aquella nueva cancha, inaugurada con el partido de una formación local frente al histórico Canarias de La Laguna en el que aparecían Miranda, Villamandos, Carmelo Cruz, entre otros, Víctor Luis Castañeda entrenó a una nueva generación de baloncestistas portuenses. Pedro Enrique Toste, que pudo ser presidente de la Federación Tinerfeña de la disciplina, ejerció como directivo en aquellos años.
Desde ahí, el salto al parque San Francisco. Medidas justas, casi al límite de la exactitud exigida, pero ya con aire y ambiente de recinto para tener algo distinto. El problema era su plena disponibilidad pues los espectáculos y otras actividades no facilitaban las cosas. Lo inauguró el Joventut de Badalona, en ocasión de una visita al Náutico. Jugaban, a las órdenes de Josep Lluis Cortés, Enric Margall y un jovencísimo Villacampa. A duras penas, con aportaciones de antiguos jugadores, surgió un equipo local al que llegó a entrenar Juan José Rodríguez Pinto, entonces considerado un avanzado entre los técnicos de la disciplina.
Los patios de los dos colegios religiosos de la ciudad también sirvieron para que algunos y algunas anotaran sus primeras canastas. En realidad, sirvieron para recreo, todo lo más para enseñar las nociones del juego. En el antiguo centro de los padres agustinos y en el de las monjas de la Pureza, casi siempre en horas de tarde, entrenaban chicos y chicas, hasta que se hacía de noche. En el primero aún pueden verse, sobre las piedras o baldosas, las rayas despintadas de lo que fue aquella cancha. En la Pureza, desde hace unos años casa de acogida de los hermanos franciscanos para la atención de la diversidad funcional a varones, ya no queda rastro.
Los polideportivos de La Vera y San Antonio acogieron los últimos intentos de potenciar el deporte de la canasta pero no eran barrios donde hubiera penetrado con decisión. Tampoco hubo mejor suerte, ya en la fase y en las competiciones regulares de distintas categorías más recientes, pese a contar con el pabellón Miguel Ángel Díaz Molina, un escenario muy apropiado si hubiera un trabajo mínimamente planificado y con voluntad de continuidad…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

MIRADOR DEL ANTIGUO CONVENTO Y HOTEL MARQUESA



El amigo y compañero de docencia del Puerto de la Cruz; RAFA AFONSO CARRILLO, expone y coloreada originalmente esta bella estampa portuense: “…Puerto de la Cruz – 1905/10. Mirador del antiguo convento y hotel Marquesa. [Detalle de fotografía en blanco y negro de Marcos Baeza Carrillo, restaurada y coloreada].
El 21 de febrero de 1925, a eso de las once de la noche, dio comienzo el fuego en el mirador del convento donde se hallaba el amarre de la red de teléfonos urbanos. Al principio era una pequeña llama que pronto dio lugar a un voraz incendio al ser de tea el edificio. A las dos horas toda la manzana ardía por los cuatro costados…”·

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

ESPERANZA RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ (MI TÍA)



Aniversario de su fallecimiento. Nació en Madrid el día 17 de enero del año 1917 y falleció en la misma capital del reino el 29 de julio del 2007. A los 90 años de edad y está enterrada en el Cementerio de La Almudena en Madrid.
Estudió en el colegio madrileño francés de las Hermanas de la Caridad de San Vicente Paul, trabajó en las oficinas de la sindical en la misma capital española.
Contrae matrimonio en Madrid el día veinte dos de noviembre de 1947 en la iglesia de San Sebastián  (esta iglesia está muy cerquita de la plaza y calle  de Matute nº 5, donde vivía con sus hermanos: Rosario (Saro) esposa de don Luis Nicolás Isasa registrador de la propiedad, Aurelio, (comisario jefe de policía en Las Palmas de Gran Canarias) y  Juan Antonio), con el orotavense Enrique Abréu González (mi tío), fueron sus padrinos Carlos Delgado Febles oriundo de la Matanza de Acentejo - Tenerife y la madrileña Esperanza Fernández García Navas (su madre).
Su padre don Aurelio Rodríguez, era joyero de profesión, de tal manera que lo propusieron para que fuese joyero del Rey, pero otro con más recomendación se le adelantó, tiene muchas custodias por las iglesias de Madrid hechas por él. Una de ellas, está en la iglesia de los Calatravas, en la calle Alcalá de Madrid, además, era excesivamente “religioso” y pertenecía a varias Iglesias donde tenía su cargo como feligrés. Esas Iglesias estaban muy cerca de la Plaza y calle Matute. Entre ellas pertenecía a  La Adoración Nocturna, y Cofrade en La Iglesia más antigua de Madrid de San José en la Calle de Alcalá.
Se van a vivir a Vigo (Pontevedra), en donde su marido Enrique Abréu González (mi tío) era Jefe – Receptor de las oficinas de la Cooperativa Agrícola Norte de Tenerife (FAST), allí nace su primer hijo Enrique José Abreu Rodríguez, el 5 de diciembre de 1948, y la segunda; Esperanza Cecilia Abreu Rodríguez el 15 de marzo de 1952.
Viene con su familia a la Villa de La Orotava Tenerife, en donde mi tío se incorpora de nuevo a las oficinas de La FAST, el 6 de octubre de 1952. En esa fecha van a vivir a Las Arenas (Puerto de la Cruz), por cercanía con el trabajo de mi tío. 
El 9 de septiembre de 1954, mi tío Enrique (su marido) pide excedencia a la compañía orotavense, para irse a trabajar al Sur de Tenerife como encargado general de la empresa agrícola del Sr.  Negrín, en el lugar conocido por los Álamos en La Playa de San Juan (Guía Isora). 
Regresando de nuevo a La Orotava, puesto que su marido (mi tío), se incorpora de nuevo a su antiguo puesto de la FAST, que lo envían  como encargado general del almacén en Las Arenas.
Viven en alquiler en una casa (aún se conserva) propiedad de Doña Jovita González “La Panadera” de la calle Verde (Nicandro González Borges) de la Orotava, en el mes de septiembre de 1958.
El 12 de septiembre de 1959 su marido (mi tío) pide nueva excedencia para volver al sur de Tenerife a trabajar en Fañabé (Adeje) como encargado general de la empresa Exportadora de tomates “Entrecanales y Larrarte”, en ese año se traslada con su familia al sur de Tenerife a vivir en un apartamento de dicha empresa, pero no dejan la casa de la Orotava, donde pasan las vacaciones.
En el año 1961, vuelven otra vez a vivir en la Orotava, en la misma casa de la calle de Nicandro González Borges que no habían abandonado, puesto que mi tío su esposo se integra con la misma compañía como encargado general en su recién empaquetado de plátanos cita en la Quinta Santa Úrsula, hasta la prematura muerte de su marido Enrique Abréu González (mi tío) acaecida el 15 de junio de 1964, tenía 46 años de edad. 
A partir de entonces viuda con sus dos hijos (mis primos) se marcha a vivir a su terruño (Madrid). Trabajando en Suiza varios años. Finalmente se viene a vivir a Madrid con sus hijos al barrio de Aluche.
Me es muy difícil hablar de mi tía Esperanza Rodríguez Fernández, muy difícil. Tal como demuestra la fotografía, se trata de una señora muy guapa en su juventud y madures. Tenía un carácter muy conservador, con ansia de poder, a veces se pasaba de los límites muy propios de su característica. Tenía mucha cultura, se expresaba muy bien, conocía el francés hablado y escrito. En muchas ocasiones se encerraba en sí misma, pero antes todo era una buena persona, una gran tía que todos nosotros queríamos y respetábamos. Ella fue el resultado de las tradiciones a ultranza. Pero todas las personas necesitamos que nos quieran.
Así pues, es muy difícil hablar y escribir de mi tía, muy difícil. Que este escrito sea al menos un homenaje al recuerdo y a la vida.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR M ERCANTIL

ALFONSO GONZÁLEZ, EN EL RECUERDO



Artículo que realicé el día de su adiós y publiqué en el matutino EL DÍA de Santa Cruz de Tenerife, en homenaje a sus hijos Luis Alfonso y Domingo González Hernández grandes amigos y compañeros de pupitre en el Colegio de San Isidro uno y de docencia en el IES La Orotava Manuel González Pérez el otro.
Un día triste de verdad, triste por ser jovial, triste con lluvia celestial, porque se ha marchado para la eternidad otro legendario de aquellos famosos orotavenses que en aquel histórico mini cuadrilátero rectangular campo de fútbol del Quiquirá se le bautizó con el apelativo de “Copos de Nieve”, o de aquel gran conjunto realejero del balompiés con el nombre de su hijo ilustre “Viera”. Triste de verdad porque se va un padre de un querido compañero de la docencia. Tu sabes Alfonso que tus hijos Alfonsito y Dominguito te tenían preparado en tu casa villera todo lo necesario para que viviera con holgura muchos años, tú lo sabes por qué lo presenciaste en el poco tiempo que tuviste en ese hogar, de verdad te lo tenían preparado para estar junto a tu querida señora y dama María Dominga, para que siguiese disfrutando con tus amigos Arturo y Juanito. Pero te fuiste demasiado rápido, quizá en el paraíso eterno goce de esa obra tan maravillosa que tus hijos querían de certeza ofrecerte, porque te querían mucho, querían continuar contigo en la Villa, querían que siguiera siendo feliz con ellos, pero desgraciadamente el cometido no quiso que fuese aquí sino allá, yo no sé cómo es ese allá, creo que es un Mundo apacible, con clemencia donde están muchos de tus compañeros de aquel glorioso “Viera CF.” o mejor dicho de aquellos baluartes “Copos de Nieve”.
Alfonso yo te quería como un padre, por todo lo que hiciste por mí, cuando perdí a mi padre Juan con 15 años, siempre te preocupaba por mi estudios salesiano, recuerdo tus relaciones con tu amigo el Profesor icodense Don Brandon, siempre le preguntaba por mis pasos, siempre me controlaba a través de él, y siempre me daba consejos para perseguir las pautas estudiantiles. Esto fue una etapa trascendental de mi vida como lo fue años después cuando me hablaba de aquel quimérico equipo fútbol orotavense de apellido “Copos de Nieve”, me comentaba tu gran disensión en el estadio portuense “El Peñón” frente al Real Unión de Tenerife con un portero - no recuerdo su nombre -  que lo paraba todo, no pudieron cantar el campeonato. Esto es una descripción muy bonita como también lo fue los fichajes que realizaste en el desaparecido e inolvidable Norte C.F. y en el UD. Orotava con los recordados jugadores de tu ciudad natal y querida “Icod de los Vinos”, jugadores de la talla de Tosco y Luis. Tu vida fue muy diligente, al otro lado de tu casa tenía la capilla del arquitecto Estanga con tu querida “Piedad” del escultor orotavense Estévez del Sacramento. Alfonso, tu subía alegre por la calle El Calvario antiguo Camino Real repartiendo sonrisas y corazones, arriba te reunía con tus amigos; Buenaventura Machado Melían, Isidro Fuentes Melían y Jesús Hernández Acosta, y más arriba en el Liceo Taoro tenía tu típica tertulia con Paco Casanova (Neno), Daniel Fernández, Antonio y Santiago Lechado, Luis de León Domínguez, Paco Morales, Agustín González y otros...  Y más al Norte de Tenerife estaba tu autentica ciudad, una ciudad cargada de historia con su famoso Drago Milenario y su majestuosa iglesia parroquial de San Marco, en esa ciudad estaban tus amigos de infancia y adolescencia, tanto ellos como los de la Orotava, te están agradecidos, pero mucho mas tus hijos Alfonsito y Dominguito, ¡Que hijos tan buenos....! que tanto hicieron por ti. Alfonso tiene que estar gozoso de ellos, quizá algún día te reencuentre con ellos en ese lugar tan fascinante. Yo estoy apenado de verdad porque nos has dejado para siempre, por eso he escrito estas poquísimas líneas para que esté sosegado, para que descanse, para que sea feliz, para que sepa que no te olvidaremos, siempre tendrá a tu esposa María Dominga a tu lado  - seguiremos luchando por ti -, un abrazo y hasta siempre.

BRUNO JUAN ALVAREZ ABREU
PROFESOR MERCANTIL